martes, 7 de mayo de 2013

El mundo duerme, y tú estás ahí, al otro lado del teléfono. Escucho como respiras y como de vez en cuando cambias de postura en tu cama. Nos hemos contado cómo nos ha ido el día, qué hemos cenado y cuánto nos hemos echado de menos... Y ahora permanecemos en silencio, sin pensar en la posibilidad de colgar, escuchando nuestras respiraciones que se cruzan melódicas, como si fueran nanas que nos calman y nos ayudan a dormir. Cualquiera pensaría que somos idiotas, y de hecho parece una estupidez permanecer al teléfono cuando aparentemente ya no queda nada que decir... Pero de repente me susurras que me quieres. Aguantamos la respiración un instante, y juraría que el mundo detiene su movimiento por nosotros, por ese te quiero... Otro te quiero, y otro, y otro más. Siempre nos quedará un te quiero que decir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.